Mi Historia
Durante una etapa de mi vida, la ansiedad se instaló silenciosamente a través de una arritmia. Las palpitaciones no eran solo un síntoma físico: se convirtieron en una señal constante de alarma. Cada latido irregular despertaba en mí el miedo a que algo grave pudiera ocurrir. Empecé a vivir en estado de alerta, pendiente de mi respiración, de mi pulso, de cualquier sensación corporal. El miedo no estaba solo en el corazón, estaba en mi mente anticipando el peor escenario. El proceso de superación no fue inmediato ni lineal. Primero necesité comprender qué estaba ocurriendo realmente en mi cuerpo. Contar con información médica clara me ayudó a diferenciar entre una condición controlada y una amenaza real. Después vino el trabajo psicológico: aprender a gestionar la hipervigilancia, cuestionar los pensamientos catastróficos y tolerar la incertidumbre sin intentar controlarlo todo. Descubrí cómo la ansiedad amplifica las sensaciones físicas cuando vivimos en lucha constante. Poco a poco fui recuperando la confianza en mi cuerpo y en mi capacidad para manejar el miedo. No fue solo superar la ansiedad, fue transformar mi relación con ella. Ese aprendizaje marcó mi forma de acompañar hoy: con comprensión profunda, herramientas prácticas y la calma que un día yo también necesité encontrar.
Durante mucho tiempo luché contra las sensaciones físicas de la arritmia. El primer cambio real llegó cuando dejé de resistirme y aprendí a aceptar el miedo sin interpretarlo como una amenaza.
Entendí cómo funciona la ansiedad, por qué aparecen las palpitaciones y cómo el sistema nervioso se activa ante el miedo. Con información adecuada, la incertidumbre perdió fuerza.
Poco a poco volví a hacer aquello que evitaba: deporte, situaciones sociales y momentos de esfuerzo físico. Recuperar la confianza fue un proceso gradual, pero transformador.